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                                                                                       Redacción CMC agosto 21, 2014.                                                                                A la izquierda, fotograma de “Juegos y danzas rarámuri” (1994) de Javier Vecino; a la derecha, mesa de diálogo sobre el Proyecto Transferencia de Medios a Organizaciones y Comunidades Indígenas 1990-1994.

 

Por Alejandra Olalde Carreté*

Como parte de las actividades de la primera Muestra Internacional de Cine y Video Indígena “Tejiendo nuestra audiovisión”, el pasado jueves 21 de agosto, testigos y agentes del Proyecto de Transferencia de Medios Audiovisuales a Organizaciones y Comunidades Indígenas nos acompañaron en una mesa de diálogo al término de la proyección de cuatro materiales audiovisuales. El evento se llevó a cabo en el Auditorio Arturo Warman, Programa Universitario de la Diversidad Cultural e Interculturalidad, UNAM.

La proyección magistral se compuso por las obras Parhikutini. El volcán purépecha de Valente Soto, Akoo (Basura) y Ñan Ri´í´ (Donde hacemos del baño) de Héctor García Sandoval, y por Juegos y danzas rarámuri de Javier Vecino Vega, los cuales provienen de la Serie Video Indígena. Visiones. Estos cuatro documentales, realizados entre 1990 y 1994 por organizaciones purépechas, triquis y rarámuris, forman parte de la sección “Homenaje” de la Muestra y celebran el XX Aniversario del Proyecto Transferencia de Medios en colaboración con la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI).

En la mesa de diálogo posterior al visionado de estos cuatro documentales, contamos con la presencia de Carlos Cruz, cineasta y tallerista del Proyecto de Transferencia de Medios; Antonio Rodríguez, coordinador del Acervo de Cine y Video Alfonso Muñoz de la CDI y Juan Mario Pérez, coordinador de proyectos de PUIC – UNAM. La moderación de la mesa estuvo a cargo de Alberto Constantino, coordinador de la MICVI 2014.

El Proyecto de Transferencia de Medios nace en 1989 cuando el antiguo Instituto Nacional Indigenista (INI), hoy CDI, propone un trabajo de capacitación y producción de materiales audiovisuales que pudieran surgir desde las mismas raíces de sus narradores, las comunidades originarias. El objetivo es aprovechar las tecnologías y el poder del cine y el video como medios de preservación, registro, denuncia en ocasiones, y principalmente de memoria de la vida cotidiana o de inquietudes políticas y sociales de los miembros que conforman a estas comunidades.

El ponente Carlos Cruz, como representante del Proyecto de Transferencia de Medios, explicó que la idea de inicio era que estas capacitaciones duraran 2 meses y fueran impartidas a grupos de 20 personas. Pronto descubrieron que su labor de transferencia, requería de refuerzos constantes y resolución de dudas y problemas posteriores a la realización audiovisual. Es decir, que este proyecto realmente comenzaba no en la donación de las herramientas necesarias a las comunidades originarias, sino principalmente, en la construcción de una relación igualitaria entre los capacitadores y los receptores que finalmente se convertirían en los realizadores y propulsores de sus propias culturas (Juan Mario Pérez).

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Fotograma de “Parhikutini. El volcán purépecha” (1994) de Valente Soto. Acervo de Cine y Video Alfonso Muñoz, CDI.

En la conmemoración de estos 20 años de transferencia de medios, presenciamos cuatro documentales muy diferentes entre sí en cuanto a contenido y forma. Sin embargo, todos con un objetivo común de testimonio. En el caso de Parhikutini. El volcán purépecha, los realizadores logran crear una evocación, que se revive mediante la tradición oral. El objetivo es recordar al pueblo purépecha el antes, el durante y el después de un acontecimiento que cambiaría para siempre sus destinos: el despertar del Parhikutini en Michoacán. Es interesante que el significado de este nombre haga referencia a un tránsito, a un puente que se consolida en forma de volcán. De la misma manera, la palabra evolución les define; las canciones, las historias, las leyendas, se adecúan finalmente también en un formato audiovisual y se reinventan en un intento de recuperación de la memoria.

Fue distinto el caso del segundo y tercer documental, compuestos por Akoo (Basura) y Ñan Ri´í´ (Donde hacemos del baño). Con carácter de denuncia, los trabajos comienzan con entrevistas al director dríki, Héctor García Sandoval, quien introduce las problemáticas que a continuación se presencian en los videos. En esta ocasión nos ubicamos en San Andrés Chicahuaxtla, Oaxaca y se nos narra por un lado cómo la construcción de la carretera propició que vendedores llegaran a la comunidad con sus mercancías y que junto con ellas, penetrara también la basura.

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Héctor García Sandoval, realizador de “Akoo” y “Ñan R´í´” (1994). Fotograma de “Serie: Video Indígena. Visiones”. Acervo de Cine y Video Alfonso Muñoz, CDI.

Por otro lado, se exponen los inconvenientes que el crecimiento poblacional ha generado con la falta de conciencia sanitaria. Los deshechos humanos y la basura, han inundado una población que anteriormente era limpia y sana. La función de estos dos documentales breves es de denuncia hacia ellos mismos y plantea la propuesta de aprender a reciclar y reutilizar los desperdicios así como de construir y utilizar sanitarios ecológicos.

Por último, llegamos al cuarto documental proyectado y discutido en este evento de conmemoración: Juegos y danzas rarámuri de Javier Vecino Vega. Completamente distinto a los dos materiales anteriores, su función es de retrato; veremos en pantalla dos historias paralelas pero que dialogan entre sí. Una es el relato de la siembra de los pueblos rarámuri en Chihuahua, de sus tiempos y temporadas, la otra, la narración de las fiestas, juegos y danzas que se ofrecen para bendecir dichas siembras.

En este video, el sonido es fundamental para la construcción de significados y marca la diferencia entre los dos conceptos o historias arriba mencionadas. Cuando describe los procesos de la siembra, lo hace primero una voz en off femenina en idioma rarámuri (sin subtítulos) y posteriormente se traduce en castellano por una voz en off masculina. Por otro lado, cuando se representan los momentos de las fiestas sólo vemos las imágenes y escuchamos la música tradicional. Ambas partes van interactuando conforme avanza el documental y lo lúdico encuentra su razón de ser en el trabajo y en lo sagrado.

La presencia masculina es muy importante en Juegos y danzas rarámuri; ellos representan el baile y el juego. A las mujeres las vemos más en la parte de la labor y la siembra. Si lo vemos como un todo contemplamos una serie de tradiciones que no pueden existir sin su contraparte.

Filmar desde el interior de los pueblos, con realizadores originarios es lo que hace tan valiosos estos legados. Como bien menciona el realizador Javier Vecino, el gran logro radicaba en volver posible una narración que sólo podía suceder desde las entrañas mismas de sus actores. Editar una danza rarámuri resulta un sacrilegio, por lo mismo, lo que ellos decidieron fue grabar en tiempo real.

Es de esta manera que la transferencia de medios deja de ser un deseo material y se vuelve también una realidad literal. La transferencia más productiva es la de las funciones; de seres pasivos, surgen ciudadanos activos con todo el poder y el conocimiento para retratar sus vidas del modo en el que ellos quieran hacerlo. En palabras de Juan Mario Pérez, “a partir de nuestro propio discurso, reflejamos la visión de lo que somos nosotros mismos.” Sin proponérselo, lo que empieza a surgir de este proyecto es una primera generación de comunicadores originarios independientes.

El evento culminó con una reflexión alrededor de lo que queda de esa transferencia a 20 años de nacido el proyecto. ¿Qué es lo que se adapta, qué se rescata? ¿hacia dónde va hoy en día el audiovisual comunitario?

Para Antonio Rodríguez el tema pendiente se encuentra en la difusión. Señaló que el camino está rebasando medios y se encauza hacia Internet, hacia las tecnologías que salen a partir de la sociedad misma, por ejemplo, desde un teléfono móvil. Carlos Cruz coincidió en que ahora la transferencia es obligación de todos, puesto que los medios tecnológicos son cada vez más accesibles:

“queda una idea de colaborar en la construcción de un espejo electrónico y manipular las posibilidades de éste en función de la imagen que queremos ver.”

Y de esta manera terminó la celebración por dos décadas de esfuerzo constante y aprendizaje mutuo. Con muchas inquietudes y promesas de evolución de este proyecto que en ocasiones teme por el olvido de lo que produce pero que destaca por su autenticidad. Como una interesante vuelta a lo que fue el inicio del cine, con creadores que fueron descubriendo por sí mismos aquello que querían contar.

 

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* Alejandra Olalde Carreté, Mtra. en Estudios Literarios por la Universidad Complutense de Madrid y Lic. en Comunicación por la Universidad Panamericana. Es especialista e investigadora de los procesos de adaptación del cine de Alfonso Cuarón, así como de la adaptación cinematográfica de la narrativa proustiana.

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