POR: ELENA NEGRETE

Colaboradora de este espacio

 

Al pensar en entornos sociales interculturales se plantea en sí misma la idea de integración, de interrelaciones y de apertura a la diversidad. Los espacios educativos  formales (la escuela) no son la excepción, en los programas de estudio desplegados en niveles educativos planeados especialmente por edad  o áreas escolares se da pie a la estandarización de saberes, a pesar de ello; es donde se posibilita el desarrollo de ideas propias en un contexto amplio, abierto al crecimiento y la educación, frecuentemente en las instituciones que fomentan la cultura y el arte.

 

Desde el ambiente escolar en que se presenta la interculturalidad se da una variación individual a la manera de apropiarse de las actividades cotidianas, es decir, dentro de un grupo social con nivel educativo semejante, lo diverso se hace presente; por ello surge la necesidad de integración personal para sensibilizar sobre la idea de la  alteridad dentro de estos mismos grupos.

 

Como medida de integración se pueden realizar actividades de  acercamiento y continuidad a temas, áreas o lugares de interés del grupo particular, para ello se requiere un estudio sobre dinámicas que fomenten la unificación de las ideas y emociones, con la finalidad de reconocer como parte de la educación lo emocional y lo teórico no sólo en sentido artístico sino en muchos otros conocimientos.

 

Desde tiempo atrás  “…la habilidad artística humana se enfoca primero y ante todo como una actividad de la mente, como una actividad que involucra el uso y la transformación de diversas clases de símbolos y de sistemas de símbolos”.[1] Regidos por el espacio y tiempo en que se generan, se propone entonces en los centros de cultura guiar lo emocional y echar mano del recurso técnico para lograr en la práctica  personal una experiencia estética.

 

Determinar la manera en que las emociones pueden hacerse presentes para formar un aprendizaje, da herramientas para realizar la técnica adecuada que constituya  igualdad de derechos de opinión, respeto y apertura  a la diversidad cultural, como elementos necesarios para apreciar la cultura distinta a la suya.

 

Las actividades educativas que reconocen la interculturalidad como riqueza del grupo están íntimamente relacionadas con procesos de constante transformación, intercambio de ideas y que implican intervención social directa con el grupo de trabajo,  con la intención de que cada integrante de manera subjetiva reconozca sus habilidades y pueda ampliar capacidades que den respuesta a las necesidades sociales del entorno especifico en que se desenvuelve, promover la posibilidad de diálogo y creatividad en acciones propositivas.

 


[1] Gardner, H. (1994) Educación artística y desarrollo humano. Paidós.España.

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