COMUNICADORA MARCELA QUIÑONES

Colaboradora invitada.

 

Introducción

Siempre he pensado que no sólo se deja huella cuando se investiga, se reflexiona y se escribe; la huella más importante está en quien lee. El lector interpreta y reproduce lo aprendido, lo observado, está en sus manos que ahora ese mensaje deje la huella más importante, la del diálogo. Cientos de blogs invaden nuestra vida virtual, espero el siguiente texto, siga dejando esa huella, como la imagen fotográfica que inmortaliza, como un rostro que nos identifica, como precisamente esa identidad que deja huella.

Identidad: El rostro, el gesto, la mirada.

 Proyecto fílmico ¡Que viva México! de Serguéi Eisenstein

Cientos de imágenes tratan de describirnos una historia, un lugar, sus costumbres. Tratan de introducirnos en una cultura, en un espacio, lo que el tiempo ha hecho en determinado lugar. A los pocos meses luego de llegar a México, pues soy colombiana, me encontré con una especie de documental, un extranjero que con su mirada capta lo emblemático de un país: Serguéi Eisenstein, director de cine soviético, empieza a mostrarnos su imaginario de nación, de un México que al igual que en mi caso, nos acoge para emprender nuevos propósitos. ¡Que viva México! Es el título de este proyecto fílmico, y la imagen con la que encabezo mi ensayo me atrae como el punctum del que Barthes trata en su libro La cámara lúcida, una mirada que como flecha me impacta y me hace responder a ese gesto, esta mujer que mira hacia la cámara en el centro de una composición muy estudiada, un ángulo muy preciso que me permite jugar con ese rostro y lo que lo rodea. Parece un juego de espejos, parecen ser dos mujeres, son elementos de juegos que indudablemente me inspiran para hablar de ese rostro. Porque es de ese rostro que parte la identidad [1], del gesto y la mirada. Ella nos invita a introducirnos en su espacio, y esa invitación la hace a través de la mirada.

 

 

 

 

 

 

 

 

Proyecto fílmico ¡Que viva México! de Serguéi Eisenstein (Imágenes de la película)

 

Y el rostro aparece nuevamente, una mujer que con su mirada nos evoca y el objeto cobra identidad. Personalmente pienso que México está presente en este proyecto visual a través del rostro y es lo que me involucra y me atrae al definir una identidad que se forja poco a poco sobre México, son rostros de una nación que evidentemente dejan huella, se convierten en estándares y mexicanos o extranjeros ya relacionamos esos rostros con una tierra, una nación. 

 

Identidad

En el sujeto, en particular su identidad, no lo crea la fotografía, sino su relación con los otros y consigo mismo. Eso no quiere decir que la fotografía no tenga un lugar de importancia en ese desarrollo, pues de hecho ella puede ayudar a formar esa identidad, a matizarla y a ordenarla. Se podría decir por ello, que la fotografía es una herramienta que permite al sujeto, gracias a su relación con los demás, y mediatizada por esa relación, la construcción de la identidad corporal.

La construcción de la identidad propia es un asunto complejo que requiere de toda una serie de habilidades psicológicas que van desde las perceptivas y atencionales (cognitivas), hasta las socio-emocionales y lingüísticas. La construcción de esa identidad pasa en primer lugar e indiscutiblemente por la comprensión y asimilación del propio cuerpo (destacando el rostro).

Actualmente en nuestra sociedad tan mediatizada, los medios de comunicación como las redes sociales son testigos de esa identidad que a muchos les urge mostrar a través de sus mejores retratos. Subimos en la red las mejores fotos, pero esas imágenes en las que afirmemos la identidad que queremos dar, y desde allí los demás nos reconocen, esa foto es la que voluntariamente al compartirla, ese rostro que mostramos es la identidad que ya ha sido aprobada por nosotros.

 

De la mirada, del gesto.

El retrato mira, no hace más que eso, sin embargo la mirada no sale solo de los ojos, sino al menos de la boca, de los orificios nasales y de las orejas, de los poros, de la expresión y la intención de esa mirada. Hay que observar de cerca la ingeniosidad técnica para captar la semejanza de la mirada, del brillo del ojo y la luz que se refleja en él de tal modo que de él vuelva a brotar. La mirada del  retrato vincula al espectador, es a través de esa mirada que busca dejar una huella. 

El gesto comunica, y nos trae el mensaje, la mirada y el gesto son el puente que nos involucra y nos obliga a observar, a preguntar, a identificar. Los gestos son movimientos del cuerpo que expresan una intención pero la intención es un concepto ambiguo y subjetivo difícil de precisar. Evidentemente se preguntarán entonces ¿Por qué relacionamos el documental ¡Viva México!, con el gesto y la mirada del retrato?  Pues es de nuestro rostro que parte la identidad, es a partir de la mirada que nos comunicamos y es a partir de la imagen, la foto y en este caso las imágenes del documental donde se crea una identidad regional. Para esto no hay un punto final, tanto el tema en sí como la identidad se siguen construyendo, la seguimos transformando y espero en futuras ocasiones continuar compartiendo con ustedes estas reflexiones.

 

 

MARCELA QUIÑONES es comunicadora social y periodista colombiana. Actualmente cursa el segundo año de la maestría en estudios de arte en la Universidad Iberoamericana en la Ciudad de México. Tema de titulación: Artículo publicable sobre la identidad que se le da a la mujer indígena a través del imaginario de una fotorreportera mexicana.

 


[1] Jean-Luc Nancy, La mirada del retrato, Editorial Amorrortu, 2006.

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